Ese jadeo
largo, convulsivo
sal de la
vida
de las
tumbas ocultas llenas de secretos
insondables
te nombra
en mis noches de desvelo
de
revelaciones, de ensueños
mar que
despliegas tus olas verde musgo
todo lo
arrastras contigo y
te lo
llevas en eterno devenir,
ningún
sedimento se deposita ya
en mis
torpes manos de gaviota
vieja ave
que aguarda en escolleras
ya nadie las visita o repara.
Ruges y te
abalanzas sobre mis tempestades
mis demoras mi hastío
y todo es
abarcado por tu cuerpo
de sal agua marina
de verdades
aflorando en la arena
como algas
mustias, secas
susurrándome
al oído el cántico del ángel.
Traes
contigo la distancia
las ausencias
tu vino es
embriagador pero
mortífero.
En medio de
la noche, de mi hastío
ya no puedo
con tantos recuerdos
me asaltan
y me atrapan
escapando
de mí
pero al
menos tu germen me redime
de mis
ínfimos desvaríos
mis trasgresiones.
Soy de tu
misma sustancia
yo también
tengo una sola faz y
todas las fases.
Soy el
hombre mismo
humanidad
...
(Inspirado
en un fragmento de “Canto a mí mismo” de "Hojas de hierba" de Walt Withman)


