¿Qué nos lleva a despreciar la vida,
a arrojarla al tacho de la basura o
a la locura?
¿Qué, a beber de la cicuta o de la sangre ajena
cuando está todo al alcance de la mano
cuando la luz invade los cuatro rincones o puntos cardinales
y bailas, caminas o descansas sobre la belleza misma
disfrazada de gramilla, tierra
confortable cama
o al sillón más desvencijado pero
tuyo?
¿Cómo se hace para desaprender lo aprendido
sin caer en la tentación de caer
en la lujuria o el placer de
lo prohibido?
¿Cuánto más o menos valor tiene
la sordidez, el misterio, la bruma, lo denso, lascivo, perverso o sádico
que lo simple, claro, bueno, amoroso, etéreo, certero?
¿Por qué hallamos más placer en perdernos que
en encontrarnos?
¿Dónde iremos a parar con toda esta destrucción que, antes que nada es
auto destrucción?
¿Quién podrá salvarnos en esto tiempos donde "Dios ha muerto"?(*)
¿Hasta cuándo seguir saboreando el dolor, la humillación, el auto flagelo ?
¿Es hora de que surja un hombre nuevo creador o
está en nosotros mismos?
¿Estaremos preparados para encontrarlo?
Quiero creer que sí.
No hay manera si, no
O lo encontramos o nos perdemos para siempre
en este mundo abandonado
a su propio destino
San Lorenzo, 09 de octubre de 2016
(*) cita de NIetzche
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